1/6/14

“Paseo y Chikung”: El Origen del grupo.


01.06.14 Tanto para el creador del Grupo, como para sus seguidores, estoy convencido de que las circunstancias que le llevaron a lanzarse un buen día a La Casa de Campo de Madrid a iniciar esta actividad, pueden servirnos para acercarnos un poco más a nuestras metas y deseos, restando importancia a ciertas creencias limitantes que nos entorpecen el camino de nuestro crecimiento.


“Paseo y Chikung” es un grupo que se reúne en La Casa de Campo y otros espacios naturales de Madrid, un par de domingos al mes para practicar ChiKung y Meditación Dinámica. Aparte de sus Eventos regulares, se organizan también Eventos Especiales en colaboración con aquellos que quieren compartir sus conocimientos con el resto. Y su forma de intercambio es la Aportación Voluntaria, Libre y Sincera.

Comenzó a coordinarse como Grupo de Facebook en 2013, llamándose "Paseo por la Naturaleza y Chikung", pero se creó en 2012 entre un grupo de amigos, y dos años después los eventos se suceden y el número de seguidores sigue creciendo.

Pero…¿Cómo nació este grupo y por qué?

Únicamente algunos miembros del grupo conocen esta historia y me apuesto lo que queráis, a que si te la cuentan, ninguna de las versiones coincidiría..

Siendo niño, me encantaba sentarme en familia y ver toda clase películas de saltos y puñetazos, de héroes y heroínas que luchaban por las causas más diversas e insospechadas. Su herramienta común siempre eran las Artes Marciales y su pundonor. Su código moral: el tesón, la práctica indolente, la repetición, los gestos de esfuerzo y por supuesto, un maestro bajito y canoso que daba lecciones a su alumno.
Tal llegó a ser mi pasión, que un buen día el niño dijo:

“Mamá, yo quiero ser Samurái” 


Ya que por motivos evidentes, no me dejaban coger una espada siendo tan pequeño, comenzaría mi andadura con Judo, el deporte típico escolar de la época. Como aquello no era lo que a mí me llenaba realmente, me cambiaron a Kárate, donde estuve más de diez años hasta el 2002, año que me marcharía de Madrid por trabajo. En Zaragoza, continué estudiando kárate pero tenía la sensación de que me faltaba algo, aquello ya no resonaba en mi interior como antes.

“Mi mundo evolucionaba y mis necesidades lo hacían con él"

En uno de mis viajes a Madrid visitaría, por mera curiosidad, un Dojo de Aikido muy cercano a mi casa: el Dojo del Maestro Tomás Sánchez. Aquel lugar me cautivaría y me propuse a mí mismo que algún día estudiaría allí. Mi iniciación al Aikido sería en Murcia a la vez que en mi trabajo aprendía Krav-Maga israelí. Tras regresar a Madrid en 2006, y después de unos cuantos intentos, conseguí asistir a las clases del Maestro Tomás a finales de 2007. 

Como estaba pagando un préstamo por estudios muy exigente, mi economía no daba para mucho, y tal sería así, que tendría que dejar de asistir en un par de ocasiones, como explicaré más adelante.

El Aikido me resultó fascinante. Fue una apertura a un mundo increíble de sutilezas y matices, tenía la sensación de que a más aprendiese, menos sabría. En cada caída, cada giro o cada saludo, respiraba la sabiduría en aquella sala. Caminaba por las calles y las técnicas salían de mí con cada paso, le daba la mano a alguien y mi cuerpo reaccionaba como una palanca. Incluso bailando! algunos giros se convertían, sólo para mis ojos, en derribos y contraataques. Me resultaba muy gracioso cuando me sucedía aquello. En 2009 tendría que dejar de asistir por falta de dinero.

 “Me pesaba la idea de no poder costear algo que tanto me llenaba”

Hasta que un buen día, decidí que si me quedaba sin dinero, ya vería lo que haría, pero yo quería volver al Dojo. Con la paga extra de Navidad pude asistir durante unos pocos meses más y en este tiempo, el Maestro Tomás me concedió el honor de vestir la Hakamma en clase (la falda pantalón que visten los aikidokas). Poco después, cambiaría de destino y con ello, todos mis horarios se irían al traste. La falta de dinero volvería a interponerse en mi camino y tendría que dejarlo. Esta vez, sería para no regresar más. Ni el tiempo, ni el dinero volverían a ser propicios.

Pasarían los meses y comenzaría mi preparación militar para acudir por primera vez de misión internacional a Afganistán. Allí, en mis ratos libres, en un pequeño tatami y con un saco de boxeo, practicaría discretamente por mi cuenta o con algunos compañeros puntualmente. A mi regreso, mediados de 2011, las Artes Marciales salían por mis poros como fragmentos de lava expulsados a presión de los confines de la tierra.

“Sólo la necesidad propicia el crecimiento”

Y un buen día, pasada la negación y la inmovilidad, la rabia y la negociación, tomé una decisión: 
"Caminaría con mi perro por La Casa de Campo y buscaría un espacio tranquilo y discreto donde nadie pudiera verme para practicar, humildemente, aquello que durante tantos años había estudiado". 


"¿Qué me lo impedía?, ¿Acaso no eran muchos años de práctica como para no saber qué hacer?"


La creencia limitante de que las Artes Marciales se “tenían que” estudiar en un Dojo, con un maestro, en un horario y pagando una cuota, me había generado una carga emocional tan importante que tenía la sensación de que si no lo practicaba, se perdería para siempre de mi interior, así que caminé durante un rato largo, evitando a paseantes y familias. Busqué un lugar sereno y uniforme donde dejé mis cosas. Mirando a los lados una y otra vez, asegurándome que en ese sitio mi actividad pasaría desapercibida, cerré los ojos intranquilo. Puse algo de música, ajusté el volumen y en unos segundos, sin más, mi cabeza y mi cuerpo se fundieron con el lugar. Mi cuerpo comenzó a moverse libremente describiendo figuras y movimientos armónicos a un lado y a otro, mi espalda se erizaba al mismo tiempo que mis manos acariciaban la suave brisa de mi alrededor y las lágrimas rodaron desde mis ojos como el rocío se desprende de las hojas por la mañana. No puedo recordar cuanto tiempo estuve así, ni si me llegó a ver alguien o no, sólo se una cosa: 

"No había sentido una sensación de libertad tal en toda mi vida." 

El tiempo y el dinero, el espacio y los horarios habían desaparecido por unos instantes. Me sentía realmente libre. Años de creencias y principios sobre el estudio de las artes marciales se habían evaporado en lo que duran un puñado de canciones chinas. 

“Si quería hacer algo, ni el dinero me impediría lograrlo”

Cada cierto tiempo, volvía a este lugar mágico para mover mi cuerpo al compás de la Naturaleza, esa misma tierra madre que me vio crecer, ahora me veía madurar. No pasaría mucho tiempo hasta que volvería a visitar Afganistán en misión de apoyo al desarrollo y en esta ocasión, el mismo tatami recibía a una persona muy distinta. En mis ratos libres, ya no sólo me entretenía en él al igual que con el saco de boxeo, en esta ocasión formaría un pequeño grupo para practicar lo que había interpretado como una “Meditación dinámica”. A mi regreso, continué con mi afición e investigando descubrí que lo que estaba haciendo de forma tan natural, era una mezcla entre Tai-Chi y Chikung Chino. Visitaría varias veces el Retiro de Madrid y me sumé a algunas clases colectivas que allí se realizaban, pero nuevamente cuotas, tablas y filosofías que no satisfacían mis propias necesidades.

“No existen tablas, sólo el movimiento natural del cuerpo acompasado por sus Emociones

Hablando con mis amigos sobre mis incursiones a la Naturaleza, cada vez con menos timidez, les invité un día a compartir una de mis sesiones de paseo por la Casa de Campo. Contentos y satisfechos con la experiencia, organizábamos los domingos por la mañana reuniones vía WhatsApp.


Poco a poco la actividad tomaba forma cada vez más efectiva y satisfactoria. Es entonces, coincidiendo con mis estudios de Experto en Coaching Personal, cuando en Julio de 2013 tomé la decisión de crear el grupo de Facebook y hacerlo extensible ya no solo a mis amigos, si no a más y más personas. Nacía así, el grupo "Paseo por la Naturaleza y Chikung"hoy "Paseo y Chikung"
Se denominó CHIKUNG por ser muy similar a este estilo, pero no necesariamente por que siga su metodología completa. Según el Dr. Yang, Chikung es “el Estudio de la Energía que requiere de Tiempo y Esfuerzo”, y pocas cosas me han supuesto tanto tiempo y esfuerzo como aprender respetar mi cuerpo, potenciar la creatividad y liberar mi mente para lograr


"Hacer realidad muchos de mis sueños conscientes"

Este grupo nacía en agradecimiento por todo aquello que La Casa de Campo me ofreció cuando el dinero no me dio para más. Y en agradecimiento a todos mis maestros que durante años me inculcaron su pasión por lo que hacían, más que por las técnicas que me enseñaban.

En esta Actividad invito a sus participantes a potenciar su talento a través del Amor propio y el desarrollo de su propio movimiento natural, como herramienta poderosa y beneficiosa para cada uno. Creo y defiendo la experiencia individual, así como creo que en todos y cada uno de nosotros reside un pequeño maestro bajito y canoso que tiene mucho que ofrecer al mundo, tenga o no, un cinturón negro, rojo o amarillo. Más allá de seguir tablas y ejercicios repetitivos, trabajo para que los asistentes sean capaces de liberar su mente y lograr, aunque sea por un breve instante, un estado de emoción y bienestar parecido al que sentí yo aquel día en plena naturaleza. 

“No por hacer más, uno se sentirá mejor consigo mismo”

Sin quererlo, un día recordé aquellas palabras que de niño le dije a mi madre: “Mama, yo quiero ser Samurái” y descubrí que la palabra Samurái, significa “SERVIR”, el que sirve a otros. A mis 33 años, mi deseo se cumplía, soy un Samurái.

Si te gustaría saber más sobre este Grupo te invito a conocer su blog"Paseo y Chikung"

Coach Personal y Piloto de mi Vida.

 

1 comentario:

  1. Qué interesante.Voy a ponerme en contacto,para ir al "Paseo Chikung". Gracias!.

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