27/1/16

¿Sabemos Ahorrar? De pedir, al conseguir.

El Cerdito” es posiblemente uno de los primeros regalos que se le hacen a un niño, sin que éste llegue a comprender muy bien para qué sirve. Es gracioso ¡sí! Pero no se mueve, es frágil y tiene una ranura misteriosa.

Luego te dicen que esa ranura es para meterle monedas.. ¡Monedas!

¿Y por qué querría yo meterle monedas a un juguete que no hace nada? 

Desde pequeños, clasificamos en nuestra mente aquello que nos rodea para poder almacenar tanta información de una forma sencilla y genérica. Un coche por ejemplo, lo ponemos en máquinas que se mueven, una pelota en juguetes, un cuaderno en cosas del cole, un mueble, en algo que está en las casas, un móvil.. bueno, un móvil creo que tendrá tantas categorías como personas. Pero ¿y un cerdito? 

¿Es una herramienta, es algo decorativo, es un juguete? Un misterio sin resolver.

Durante años, nuestros mayores se han servido del cerdito para que de mejor o peor forma, aprendamos a gestionar y ahorrar nuestro dinero. Y yo me pregunto, 

¿Un niño, realmente quiere administrar su dinero? 

Yo por lo menos ni me lo planteaba! Que manía con ahorrar!.. ¿Ahorrar para qué?, ¿con qué fin?, ¡Si yo lo que quería era gastármelo en chuches y helados! 

Cuando uno va creciendo y ambicionando objetos más “difíciles” de adquirir, aparecen nuestros padres y nos dicen cosas como: “Pues si quieres “X”, ahorras y te lo compras con tu dinerito majo!” 

Para mí esa frase es el pistoletazo de salida de la adolescencia en estado puro. Se acabó la infancia de un plumazo, justo después de esas últimas palabras: “tu dinerito”. ¿Qué es esto de “tu dinerito”? ¡Con lo fácil que era hasta ahora! 

Mal que bien, todos sobrevivimos a esta etapa de gestionar “nuestro dinero”, sin llegar a ser realmente nuestro. Hasta ese día que uno empieza a trabajar y obtiene su primer sueldo. Ese sí que es nuestro dinerito. 


Ahí sí que llega el aprendizaje de verdad, y es realmente cuando aquel cerdito toma cierto sentido, solo que ya no en forma de figura de barro, si no en un número de cuenta corriente y en una entidad que lo guarda por ti muy amablemente. 

Y si llegó a sobrevivir a las limpiezas de casa o a las mudanzas, el cerdito muy posiblemente  siga allí, donde lo dejaste, cogiendo polvo en la estantería de tu cuarto en casa de tu madre y tu sigas sin saber muy bien para que sirve...


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